Por Javier de León
Diciembre de 1985. De tarde. Calor. Yo, con 20 años, estaba procurando acreditarme para el Mundial de México, que se jugaría meses después.
Precisaba de un medio escrito que me abriera sus puertas. Mamá me mencionó un viejo amigo, Omar Rovelli, dueño de “El Rionegrense”. Y allá llegué aquella tarde a Fray Bentos. Omar, con su proverbial generosidad respondió inmediatamente con un “Sí” , y en ese mismo instante comenzó mi historia mundialista.
Mi agradecimiento por siempre a Don Omar.
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“Toda explicación termina en una claudicación”, decía un poeta español en medio de la Guerra Civil del 36. Marcelo Bielsa, en conferencia de prensa, un par de días después del regreso desde Playa del Carmen, intentó ensayar sus razones tras el fracaso ( dos empates, Arabia y Cabo Verde; una derrota, España; sin victorias, sin gloria, sin épica, eliminados con pena)
Pero sus explicaciones terminaron justamente en claudicaciones. Bielsa , que tuvo la habilidad de primero cargarse con los culpas por la eliminación para acto seguido trasladar hábilmente esas mismas culpas a los jugadores, terminó admitiendo que no dejó “nada” a Uruguay y que los jugadores no “compraron” su idea. Y sin convencimiento de los futbolistas al mensaje del entrenador, el fracaso es el único final posible.
Bielsa percibió que algunos pretendían colocarlo en la hoguera para salvarse, y decidió hablar en conferencia para compartir el lugar en esa hoguera.
Pero finalmente, la realidad es una sola: fuimos al Mundial con un nivel de jugadores menor que en torneos anteriores y con una dosis de futbolistas demasiado alta de lesionados, en el final de una lesión, en recuperación, sin actividad, con poca actividad , bah, en síntesis sin estar al 100 por ciento. Uno, dos, tres, puede ser. Más de diez, es hacerse el harakiri antes de jugar.
Pero además, con un entrenador que los saturó, los hizo rendir menos que sus posibilidades y terminó destruyendo cualquier atisbo de buen relacionamiento.
Acá falló el nivel futbolístico del plantel. Pero también falló el entrenador, que no supo conducir al grupo ni extraerle su mayor rendimiento.
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Ya no está Marcelo Bielsa al frente de la selección uruguaya. Rápido de reflejos, el presidente de la AUF, Ignacio Alonso, avanzó sobre Diego Forlán. Una presencia de dimensión mundial, que concentró el foco en la nueva figura en lugar del DT argentino denostado y derrotado. Pero además, Forlán aceptó dirigir la selección Sub-20 en el Sudamericano de enero e interinamente a la mayor en los posibles amistosos de los próximos meses. Una solución con costo bajo y con puerta de salida en abril, si la opción Forlán como DT hacia el Mundial 2030 no convence.
Aquí estamos, recuperando fuerzas y alimentando otra vez las esperanzas, esas que nunca caen definitivamente.
Con una generación de jugadores que salvo excepciones, no brillan en el exterior, y los que brillan, no desequilibran en la selección.
Ah.. un último apunte. Federico Valverde no tiene características de capitán. Puesto en la obligación de llevar la cinta, al fin, perdemos sus mejores cualidades como futbolista y ganamos su déficit de carácter como capitán.
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Pasaron 40 años desde aquel México 86. Allá nos fue mal ( entre otras cosas, perdimos 6-1 con Dinamarca), y ahora, volvimos a fracasar. En medio, el oasis: los Mundiales del 2010,2014 y 2018.
Mi agradecimiento eterno a Don Omar Rovelli. Y la esperanza de siempre, que en el 2030, la celeste vuelva a ser protagonista. Que todo sea para bien, como decía el genial Wimpi.







