La madre e integrante de CEA Azul, colectivo de Fray Bentos, se refirió a los desafíos del grupo, la concientización y la falta de oportunidades para personas con autismo.
En el marco del Día Internacional de la Concientización sobre el Autismo, Ana Bonilla, madre e integrante del colectivo CEA Azul de Fray Bentos, grupo que nuclea a familias de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), compartió con El Rionegrense su visión sobre la realidad que atraviesan y los principales desafíos para este año.
Uno de los objetivos centrales es la concreción de un espacio físico propio por el que vienen trabajando desde hace varios años. “Primero que nada, concretar o seguir trabajando en obtener un espacio propio, más grande, más amplio, que cumpla nuestras necesidades y expectativas es uno de los desafíos de este año”, señaló.
En ese sentido, Bonilla indicó que ya se iniciaron gestiones a nivel institucional para avanzar en posibles soluciones. “Estamos lejos y estamos cerca, tuvimos un primer encuentro con el intendente, Guillermo Levratto, y se generó el vínculo, pero todavía está todo muy en pañales”, explicó, al tiempo que remarcó la importancia de comenzar a construir esos espacios de diálogo.
Además del espacio físico, otro de los ejes fundamentales de trabajo para este año es la continuidad de las campañas de sensibilización dirigidas a la comunidad. Durante el mes de abril, CEA Azul impulsa una iniciativa basada en experiencias reales de las familias. “Cada uno de esos flyers cuenta una historia que no es tan linda, pero que pasa muchas veces, y queremos que el resto la lea y entienda por qué sucede”, expresó. La propuesta busca visibilizar situaciones cotidianas que muchas veces son malinterpretadas por la sociedad. “A veces se ve a una persona con autismo teniendo un ‘berrinche’ en un supermercado, pero en realidad es una crisis conductual o sensorial, porque no puede procesar todos los estímulos a la vez”, afirmó, destacando la necesidad de generar empatía y comprensión. En paralelo, el colectivo también pondrá el foco en la difusión de derechos de las personas en situación de discapacidad, un aspecto que consideran clave. “Hay un montón de derechos que como nadie te los cuenta, sólo lo sabe el que ya lo atravesó. Nosotros queremos mostrar información que es pública y que mucha gente no sabe que existe”, sostuvo.
En ese contexto, Bonilla subrayó que el trabajo del colectivo no se detiene y que la demanda de acompañamiento crece de forma constante. “Siempre aparece una familia, aparece un maestro diciendo que tiene a tal alumno que sabe que viene a CEA Azul y que necesita herramientas, material, siempre. Ahora como se diagnostica tan a temprana edad y como hay más herramientas para el diagnóstico, aparecen siempre familias”, explicó. Incluso, señaló que ese crecimiento se da de forma sostenida y muchas veces repentina. “En febrero aparecieron tres familias, así de sopetón. Siempre aparecen”, afirmó. A esto se suma la demanda por parte del ámbito educativo. “Hay mucho docente pidiendo ayuda, apoyo, herramientas. Con los años uno va haciendo camino y dejando una huella”, expresó.
En ese sentido, destacó que uno de los principales roles del colectivo es justamente el acompañamiento integral. “Nuestra visión es esa, ser un centro de apoyo, contención y acompañamiento a la familia y al cuerpo docente”, indicó.
Bonilla aclaró además que CEA Azul no funciona como un centro terapéutico. “No es un centro de terapia, nuestros hijos van a terapia a otros lados. Estamos generando ese vínculo y trabajando en red, porque es fundamental”, señaló. Sobre este punto, remarcó la importancia del trabajo articulado entre instituciones. “Nunca una persona puede ir a un centro educativo y trabajar solo con la docente. Necesita ayuda y apoyo de otros lugares como CEA Azul”, agregó.
Por otra parte, hizo hincapié en la necesidad de avanzar en políticas públicas que garanticen inclusión real, especialmente en etapas como la adolescencia y la adultez, donde, según indicó, las oportunidades son mucho más limitadas. “Si las personas no tienen oportunidades, no pueden desarrollarse ni demostrar si lo pueden lograr o no”, sostuvo.
Asimismo, manifestó su preocupación por la falta de continuidad una vez finalizada la etapa escolar. “Se habla mucho de la niñez en el autismo, pero después cuando pasamos a la adolescencia o a la adultez, todo el mundo se olvida. No hay recursos ni oportunidades para que puedan seguir desarrollándose”, advirtió. En paralelo, CEA Azul continúa desarrollando talleres dirigidos a sus integrantes, en los que participan adolescentes y adultos en situación de discapacidad. Estos espacios buscan fomentar la inclusión social, el trabajo en equipo y el desarrollo de habilidades. “Están encontrando un lugar donde pertenecer, donde compartir y donde desarrollarse”, destacó. Asimismo, estas actividades también apuntan a generar herramientas con salida laboral. A través de distintos talleres, los participantes elaboran productos y exploran nuevas áreas. “Creemos que ese es el camino, intentar buscar oportunidades todo el tiempo para demostrar que sí se puede”, agregó.
Finalmente, Bonilla remarcó que, más allá de los avances, aún persisten múltiples barreras tanto a nivel social como institucional. “La barrera está en el no hacer, en el no gestionar, en el no dar oportunidades”, afirmó. En esa línea, insistió en la necesidad de que la concientización se traduzca en acciones concretas. “No podemos quedarnos solo en palabras, necesitamos hechos”, concluyó.







