En una entrevista exclusiva con El Rionegrense, el presidente de la Asociación de Lombricultores del Uruguay (ALU), Fernando Muñoz, revela
cómo la primera asociación del país, y posiblemente de América, busca revalorizar el papel de las lombrices como herramienta clave para la economía circular y la producción local.
A primera vista, la idea de una asociación nacional dedicada a la lombricultura podría parecer una excentricidad en un país que se enorgullece de su identidad natural. Sin embargo, para Muñoz, es la respuesta a una pregunta que lo persiguió durante años: “¿Por qué en un país que nos jactamos de ser natural, el animalito más importante abajo del suelo, que es la lombriz, nunca lo consideramos?”.
Esta inquietud, sumada a la sorprendente ausencia de asociaciones de este tipo en la historia de Uruguay a pesar de las visitas de Charles Darwin, fue el motor para fundar ALU. Fernando Muñoz, que inició su empresa, relacionada al tema, en 2016 y llegó a conectar a más de 600 entusiastas de la lombricultura en grupos de WhatsApp, se dio cuenta de la necesidad de unir a esta comunidad dispersa.
«Fue el disparador, fue lo que más me motivó», afirmó. Él invirtió años en convencer a otros, de la importancia de crear una entidad formal, con personería jurídica y el aval del Ministerio de Ambiente.
El rápido crecimiento de ALU, que cuenta con más de 60 miembros en pocos meses, demuestra que el interés por la lombricultura es genuino y profundo. Lejos de ser un simple pasatiempo, la asociación ve en las lombrices una herramienta clave para la economía circular y el fortalecimiento de las economías locales.
«Todo aquello que se hacía en forma natural en casa, como el humus, ahora se va a regir con una ley», explica Muñoz. Uno de los logros más importantes de ALU es la firma de un convenio con la Facultad de Agronomía para la caracterización de los vermicompost. Este trabajo permitirá que los productores de humus cumplan con los procedimientos necesarios para comercializar sus productos, dándoles un estatus formal que antes no tenían. El objetivo es que los pequeños emprendedores puedan certificar su humus, algo que sería inaccesible económicamente de forma individual, ya que un análisis de este tipo puede superar los 50.000 pesos.
Muñoz, se muestra optimista y prefiere ver las dificultades como «oportunidades». Uno de los mayores desafíos es llegar al interior del país, que ha respondido de forma más lenta que el área metropolitana.
El presidente de ALU sabe que en el interior se dice: «pero no me venga a hablar de lombrices, acá tenemos por todos lados». Sin embargo, el fenómeno del compostaje domiciliario en zonas como la Ciudad de la Costa ha creado una gran demanda de estos animales. La asociación busca movilizar a los entusiastas de todo el país para que se unan a esta “cooperativa enorme”.
Como primicia, adelanta que están preparando una gran actividad en Tacuarembó, que en pocos días se convertirá en el epicentro de un taller para impulsar la lombricultura en el interior. Además, destaca el
trabajo de los miembros de ALU, como Horacio y su esposa, referentes de la organización en la ciudad de Young, Río Negro, con su proyecto “Sembrando Vida”.
La visión de ALU va más allá de las fronteras nacionales. De forma asombrosa, la asociación uruguaya es una de las pocas en el mundo, posiblemente la única de América, con un estatus institucional.
«Debemos ser las dos únicas en todo el mundo», comenta Muñoz, refiriéndose a la emérita Sociedad de la Agricultura de Inglaterra. Este hecho ha llamado la atención de otros países de la región, como Argentina, que está buscando armar su propia organización.
Un legado para la próxima generación: Cuando se le pregunta por el legado de la Asociación de Lombricultores del Uruguay (ALU) en 5 o 10 años, Muñoz invita a la reflexión, recurriendo a las visitas de Charles Darwin a Uruguay en 1832 y 1833.
El naturalista británico recolectó muestras de flora y fauna en la región, y sus observaciones sobre las lombrices de tierra lo llevaron a escribir en 1881: «Es dudoso que existan otros animales que hayan jugado un papel más importante en la historia del mundo que estas criaturas de organización tan simple».
Convencido de que Darwin debió haber estudiado las lombrices uruguayas, nuestro entrevistado quiere que la asociación honre esa herencia olvidada. Si bien las abejas son las grandes polinizadoras por encima del suelo, las lombrices son las «ingenieras» subterráneas que le dan fertilidad a la tierra y, por lo tanto, a nuestros alimentos. «La tierra estaba prácticamente exenta de patógenos gracias a la lombriz», recuerda Muñoz, evocando una infancia en la que se podía jugar con tierra sin
preocupaciones.
Para aquellos que hoy hacen lombricultura de forma individual, el principal de la Asociación de Lombricultores del Uruguay, tiene un mensaje claro y directo: «Venga y piense que la lombriz tiene un trabajo eficaz, eficiente, no pide nada a cambio y lo más importante, 100% natural». “Unirse a ALU no es solo una forma de obtener beneficios prácticos, como el apoyo para la certificación y la integración en una red, sino también de formar parte de un movimiento fundacional, de darle a la lombriz el lugar que se merece y de recuperar esa conexión con la naturaleza que define al Uruguay natural”, manifestó.

















