Editorial
En los últimos días, colegas de Radio Impacto informaron sobre medidas vinculadas a la emergencia móvil que afectan directamente a la ciudad. Esas versiones,respaldadas por fuentes periodísticas, merecían ser divulgadas y debatidas por la comunidad.
Sin embargo, la reacción del director del hospital, al tratar de irresponsables a los periodistas, prioriza más su defensa personal sobre el desconocimiento que sobre el problema.
En situaciones de salud pública, la primera obligación de quienes ocupan cargos de decisión no es desacreditar a quienes informan.
Es particularmente grave que el director calificara de “irresponsable” a un periodista de Radio Impacto. Esa acusación omite un dato que pesa: hablamos de profesionales con trayectoria en la comunidad, años de trabajo y credibilidad ganada a pulso. Descalificar a quienes han dedicado su carrera a informar, sin evaluar su historial ni el contexto, no solo es injusto sino contraproducente: en lugar de restar legitimidad al mensaje periodístico, quien acusa pierde credibilidad.
La descalificación pública de periodistas contribuye a un clima de sospecha, erosiona la confianza y desplaza la discusión hacia polémicas personales en lugar de concentrarla en soluciones a los problemas.
Los periodistas locales cumplen con su tarea en condiciones muchas veces difíciles: pocos recursos, presencia cotidiana y una responsabilidad grande con sus vecinos.
No son blogueros sin ética desinformando.
Atacarlos por dar a conocer información verificada es un reflejo de una visión equivocada del poder, donde el ego busca silenciar en vez de esclarecer.







