Tras medio siglo uniendo al departamento a través del aire, el mítico relator hace una pausa antes de sus 70 abriles. Un viaje desde la radio Spica de su infancia hasta el grito más sagrado: el gol de su propio hijo.
Hay voces que, con el paso de las décadas, dejan de ser un sonido para convertirse en parte del patrimonio afectivo de una ciudad. En Fray Bentos, la voz de Hugo Dardo Casanova es ese hilo invisible que ha unido a generaciones frente a un receptor. Después de 50 años siendo el puente entre la pelota y el sentimiento popular, el «dueño de la voz» ha decidido hacer una pausa necesaria. En una charla exclusiva con El Rionegrense, Casanova abre la puerta de sus recuerdos y reflexiona sobre su trayectoria, justo cuando el horizonte le marca dos hitos: sus cinco décadas de relato y los 70 años de vida que cumplirá en 2026.
Conversar con Hugo es asistir a una clase de historia viva. Si pudiera viajar a 1975, a aquella vieja Radio Rincón (CV 153), y encontrarse con el joven que debutaba, el consejo sería simple: «Le diría que lo hiciera de nuevo, que no cambiaría nada». Su pasión nació en la intimidad del hogar, imitando a los grandes con cualquier objeto que pareciera un micrófono, bajo la mirada de su padre, Dardo, con quien compartía la radio Spica y la devoción por Nacional. “Si no salían los resultados a favor de Nacional, cambiábamos de relator… y después me volcaba a transmitir solo en algún rincón de la casa”, confiesa con nostalgia.
El debut y el “Teatro de la mente”
Su estreno oficial fue en un torneo nacional estudiantil: el Liceo Departamental contra Paysandú en el Orlando Torres. “Ganamos 5 a 1 acá. Después fuimos a la cancha de Bella Vista en Paysandú y ellos ganaron 6 a 1. Éramos el único medio de prensa y la poderosa CW 39 de Paysandú nos retransmitía”, recuerda con precisión. En aquel equipo pionero ya asomaban nombres que marcarían su camino, como los comentarios de Adolfo «Chinito» Smith y la publicidad de Peletti.
Para Casanova, la radio es el arte de «pintar» el cuadro para quien no puede verlo. “El relator relata para el que lo está escuchando, no para el que está en la cancha”, lo dice con firmeza ante el avance de las pantallas. Esa mística sigue vigente: “Hoy la gente mira el partido por televisión, pero apaga el sonido y escucha el relato nuestro en radio. Eso es emocionante”.
El legado en papel: Esa necesidad de atesorar el camino recorrido lo llevó, al cumplir sus 46 años como relator, a volcar sus memorias en un libro que hoy es documento de consulta para los amantes del deporte local. «FÚTBOL: MEMORIA, ANÉCDOTAS Y VIVENCIAS». Allí, Hugo no solo marcó su trayectoria, sino que dejó estampadas las historias que el viento de la radio a veces se lleva. “Es algo que uno veía impensable al momento, pero si pudiera volver a hacerlo de nuevo, lo haría”, afirma sobre esa obra que resume una vida dedicada al micrófono.
Un “matrimonio” de radio y la nota de “Persona no Grata”
La trayectoria de Hugo es un desfile de nombres que atesora como hermanos de ruta. Desde sus inicios con Elvio Norbiz Cantti —con quien inmortalizó el “¿Cómo ves el partido, Norbiz?”— hasta la locución de «Chumbito» Labadie, quien anunciaba que la radio entraba «sin pedir permiso» a los hogares.
Su lista de socios es un mapa de la radiodifusión regional: Washington “Chino” Espalter, Daniel “el Flaco” Lazzaroni, José Federico Fragello, el “Gringo” Carlos Leonzuck, Walter Hugo Robledo, Luis “Sapo” Di Pascua, Ricardo Espalter, Alfredo Saez en Mercedes, Darío Amarillo, Diego Roldán, Daniel “Ito” Zabaleta, Hernán Godoy, Huben Martínez, Sergio “Tisi” Milesi y el Profesor Walter “Goma” Socías, quien recientemente le elogiaba que su estilo, pese a los años, mantiene la esencia intacta.
Pero no todo fue color de rosas. Hugo recuerda entre risas su anécdota más «peligrosa». A los tres meses de empezar, en un partido entre La Uva y Real Hervido, soltó al aire: “Es lastimoso que estos clubes aspiren a subir, no merecen estar ni en la B de Fray Bentos”. Al día siguiente, los delegados de ambos clubes se presentaron ante los directores de la radio (Rincón), los hermanos “Donato”, con una nota declarándolo «persona no grata». “La verdad que tenían razón, fue cosa del momento, aunque no estaba muy errado en lo que manifesté”, admite.
El peso de la edad y el grito más esperado.
Llegar a los 70 «abriles» invita a la reflexión profesional. “Los años pesan. Me cuesta pensar en aquello que se dice ‘estás viejo’, me cuesta una barbaridad por mi forma de ser”, confiesa. “La vista ya no es la misma”, y eso lo ha llevado a decidir no transmitir el próximo campeonato de OFI para tomar un descanso.
Sin embargo, el orgullo le brilla en los ojos al recordar el gol que le dio sentido a su carrera. Fue en 2001, cuando Río Negro se coronó campeón nacional de juveniles en el Estadio Parque Liebig’s. El gol del triunfo, el 1 a 0 definitivo, lo hizo nada menos que su hijo: Hugo Andrés Casanova Falero. “Fue una emoción tremenda, un sueño cumplido”.
¿Qué gol le falta relatar? Su corazón es albirrojo. Fue presidente del Club Atlético Anglo en 2008 y su anhelo es cerrar su historia con un grito de su institución: “Qué lindo sería que el club que uno ama vuelva a cosechar triunfos y que sea con un gol importante para cerrar un campeonato; Anglo no gana desde el 2015” comentó.
Relatar fútbol en el interior no es solo un oficio; es un acto de resistencia cultural. Hugo Dardo Casanova ha sido la banda sonora de los asados, los talleres y las cocinas de Río Negro. Su pausa no es un adiós, sino el resuello necesario de quien ha entregado el alma en cada grito de gol. Porque al final del día, cuando se apagan las luces y se cierra el micrófono, lo que queda es la humanidad de un hombre que nos enseñó a ver el fútbol con los oídos.

















