Referentes de Derechos Humanos de Uruguay y Argentina analizaron la vigencia del Plan de Coordinación Represiva y recalcan que la reconstrucción histórica es la única garantía para blindar la democracia ante las nuevas corrientes negacionistas.
El Teatro “Miguel Young” de Fray Bentos, se convirtió recientemente en el punto de encuentro para una reflexión histórica urgente. Convocado bajo el título “II Encuentro Binacional de Derechos Humanos: Plan Cóndor: Historia, Impacto y Vigencia en la Región”, el evento congregó a voces clave de Uruguay y Argentina, reafirmando que la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia no solo es un legado del pasado, sino un desafío crucial del presente.
Fidel Lespada, referente de la Comisión de Derechos Humanos de Río Negro, compartió con El Rionegrense un profundo análisis sobre la relevancia de la cita, la labor local y la imperiosa necesidad de transmitir el relato histórico a las nuevas generaciones, especialmente en momentos donde el camino transitado y el relato construido en derechos humanos se ve cuestionado en su veracidad por algunos sectores.
El encuentro, que tuvo su antecedente el año pasado en Concepción del Uruguay (Argentina), adquirió un marco institucional de gran peso en Fray Bentos, una ciudad fronteriza que simboliza el cruce de historias y destinos compartidos. Lespada destacó la presencia de ambos jerarcas comunales: el intendente de Río Negro, Guillermo Levratto y el intendente de Concepción del Uruguay, José Eduardo Lauritto, lo que naturalmente le confirió al evento un “marco institucional bien importante”.
El objetivo central, promovido y organizado por las organizaciones de derechos humanos de ambos países, que han dedicado años al tratamiento de estos temas, fue analizar desde diferentes miradas lo que ha significado el cumplimiento de 50 años del denominado Plan Cóndor.
Lespada ofreció una definición precisa, fundamental para la comprensión histórica: “El Plan Cóndor fue un plan de coordinación represiva de todos los regímenes de dictaduras, particularmente del cono sur, tanto de Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile.
Consistió en eso, un plan de coordinación internacional de los organismos de represión”. La relevancia de estos intercambios, según el referente local, radica en la posibilidad de darle un hilo de continuidad para “seguir analizando y seguir, de alguna manera, desenredando madejas” que, con temas de tan vasta repercusión, hacen que los diferentes enfoques sean “fundamentales para seguir escribiendo la historia”.
El encuentro desarrolló una nutrida agenda que permitió un cruce de miradas desde diversas disciplinas. Las mesas abordaron la historia, la salida de la dictadura, la repercusión de la prensa, el análisis de sitios de memoria, la ciencia (arqueología y antropología) y, muy especialmente, los enfoques de los juicios. En este punto, destacó la presencia del fiscal Ricardo Perciballe, especializado en crímenes de lesa humanidad, actualmente trabajando en el juicio por el caso de San Javier, así como de Adriana Barros, presidenta de la Comisión especial: Ley 18.596 de reparación a víctimas de la dictadura.
Sin embargo, uno de los momentos más «conmovedores» fue el panel dedicado a los testimonios de las víctimas, que contó con figuras como Sara Méndez, a quien Lespada calificó como “un ícono de lo que ha sido la lucha por verdad y justicia”, y la hija de María Esther Ballestrino, recientemente confirmada como la 5ª persona desaparecida de Río Negro.
Desactivando la teoría de los dos demonios La función pedagógica para las nuevas generaciones fue un punto de quiebre. Lespada fue categórico al confrontar “uno de los argumentos que se ha esgrimido de manera bastante repetida: la llamada, teoría de los dos demonios”.
El referente insistió en que el relato histórico debe ser claro: el enfrentamiento armado en Uruguay fue previo a la dictadura. “En abril de 1972 las propias fuerzas armadas comunican que el MLN había sido derrotado militarmente… Y en realidad un año y pico después se da el golpe de Estado” afirmó, subrayando la falta de asidero de la narrativa de una “guerra”.
El hecho histórico es que, un año después de la derrota militar de la guerrilla, se concreta el golpe de Estado en 1973 y la dictadura “duró casi once años”, ilegalizando a todos los partidos políticos, al movimiento sindical y a toda forma de funcionamiento gremial, limitando el derecho de reunión, prensa y expresión. “Esto tiene que quedar muy claro, particularmente para la nueva generación: acá hubo terrorismo de Estado. Quiere decir esto, se arrasaron todas las libertades con el uso del aparato represivo del Estado, enfatizó.
El caso Roslik y la Justicia interpelada
Las aberraciones del Terrorismo de Estado tuvieron en el departamento de Río Negro su “expresión más terrible y descarada” en el caso de Vladimir Roslik, el último mártir de la dictadura”.
El caso, que atañe a la localidad de San Javier, ha sido objeto de un juicio clave en la actualidad. Fidel Lespada resaltó “la contundencia del trabajo de Fiscalía y de la presentación de pruebas, de testigos”, destacando el valor simbólico e histórico de que, recién a 41 años, pudo declarar ante la Justicia la viuda del Dr. Roslik.
El trabajo del Juzgado Especializado en Crímenes de Lesa Humanidad, activo hace unos nueve años, ha permitido avanzar en el enjuiciamiento de las causas, superando “un tratamiento extremadamente lento por parte de la justicia”. Sin embargo, el paso del tiempo genera una profunda reflexión. “Cuando pasan 41 años, por ejemplo, del crimen de Roslik… la justicia está claramente interpelada”, manifestó.
El propósito no es la venganza, sino la “reparación histórica y a su vez como garantía de no repetición para las próximas generaciones”, Lespada remarcó que el “nunca más terrorismo de Estado” implica que quienes cometieron “aberraciones” como secuestrar, desaparecer y torturar, sepan que hay “algún grado de justicia” y que la sociedad está obligada a seguir encontrando los caminos para que esto no se repita.
La Comisión de Derechos Humanos de Río Negro ha mantenido un trabajo sostenido en el territorio, contribuyendo modestamente, pero local y departamentalmente, a la construcción de la memoria. Entre las acciones enumeradas por Lespada se encuentran: Sitios de Memoria: Impulso del sitio de memoria en San Javier y colocación de placas en Fray Bentos, incluyendo el Cuartel donde fue asesinado Roslik y la esquina de 25 de Agosto y Rincón, que funcionó como centro de detención.
Actividades Culturales y Educativas: Presentación de libros y actividades dirigidas a reconstruir la memoria histórica. Marchas del 20 de Mayo: Organización de todas las marchas desde la creación de la comisión, con una participación cada vez más amplia de la población.
Memoria viva en el Patrimonio de la Humanidad
Como ejemplo reciente de la necesidad de expandir el relato más allá de la represión a personas, Lespada detalló una iniciativa inminente en el Barrio Anglo, declarado Patrimonio de la Humanidad. “Estamos trabajando con un conjunto de vecinos que sufrieron también, gente que vivió en una parte del barrio Anglo que se llamaba La Pandilla y que fue desalojada por la fuerza en la dictadura” explicó. Sus casas fueron derruidas y desmanteladas.
Este proyecto avanza para generar un sitio de memoria en pleno Patrimonio, recogiendo el relato de los vecinos. El hecho se enmarca en la resistencia de 45 familias que, a fines de los 70, se opusieron a los planes del interventor militar, el coronel Pacheco, de desalojar el barrio en su conjunto. Esta iniciativa “nos desafía y nos interpela como sociedad a seguir trabajando todo lo que es la memoria, la historia”.
Vigencia y el desafío global: Blindar las libertades
La “vigencia” del Plan Cóndor, a la luz de los desafíos contemporáneos, adquiere una importancia aún mayor en el análisis de Lespada. El referente señaló con “tristeza y preocupación” que, en algunos países, y Uruguay “no es ajeno a esto” afloran y se respaldan “corrientes negacionistas” que carecen de soporte en la verdad y en la historia.
La preocupación es palpable cuando estas corrientes “llegan al gobierno, como ocurre en la República Argentina”, dijo.
El mensaje final es un llamado a la vigilancia: “Las libertades y los derechos no se ganan de una vez y para siempre, esto es una construcción social, política, histórica, todo el conjunto de derechos humanos debe ser una lucha permanente”.
El legado fundamental que el movimiento de DDHH debe impulsar es la integración del relato, la vivencia y el intercambio fluido con las nuevas generaciones, pues es allí donde reside la garantía de paz y el derecho a la vida. La humanidad, advirtió Lespada, está aún “muy lejos de poder bajar la guardia en este sentido”.







