Ciudad del Vaticano – El papa Francisco, Jorge Mario Bergoglio, nacido el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires (Argentina), falleció este lunes 21 de abril en la residencia de Santa Marta a los 88 años. Con su partida, se cierra una etapa marcada por una profunda transformación en la Iglesia Católica, en la que buscó acercar el mensaje del Vaticano a los más vulnerables y poner el foco en una fe con rostro humano.
Francisco se convirtió en pontífice en marzo de 2013, luego de la renuncia histórica de Benedicto XVI. Su elección fue un hito en la historia de la Iglesia: fue el primer papa jesuita, el primero de América Latina y el primer no europeo en más de 1200 años en asumir como obispo de Roma.
Durante su papado, trabajó con firmeza por reformar la estructura eclesiástica, denunciar los excesos del poder clerical y predicar una Iglesia más austera, empática y abierta al diálogo con el mundo contemporáneo. En ese camino, enfrentó tanto ovaciones como tensiones, especialmente por su postura frente a temas como la diversidad sexual, el rol de la mujer y la necesidad de una Iglesia menos dogmática y más inclusiva.
Nacido el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires, Francisco se formó como técnico químico antes de ingresar al seminario. En su juventud superó una grave enfermedad pulmonar y, según él mismo relató, fue tras una confesión en su adolescencia que sintió el llamado al sacerdocio. Fue ordenado en 1969 y, pocos años después, hizo su voto definitivo en la Compañía de Jesús. A lo largo de su carrera ocupó diversos cargos académicos y pastorales, destacándose por su cercanía con los sectores más humildes de la sociedad argentina.
En 1998 fue nombrado arzobispo de Buenos Aires y en 2001 fue creado cardenal por Juan Pablo II. Su perfil austero y su compromiso con la justicia social le valieron el apodo de “el obispo de los pobres” en su país natal. A nivel internacional, adquirió notoriedad durante el Sínodo de Obispos de ese mismo año, donde ofició como relator general.
Al llegar al Vaticano, eligió el nombre de Francisco en honor a San Francisco de Asís, símbolo de humildad, paz y amor por la naturaleza. Durante más de una década al frente de la Iglesia, publicó encíclicas clave como Laudato si’ y Fratelli tutti, que marcaron un llamado urgente a la fraternidad global y al cuidado del planeta.
Su liderazgo también estuvo atravesado por momentos difíciles, como la crisis de abusos sexuales dentro de la Iglesia, ante la cual impulsó medidas inéditas, aunque no exentas de críticas. No obstante, su voluntad de reformar y su estilo directo lo convirtieron en una figura carismática y disruptiva dentro del Vaticano.
Francisco pidió en su testamento ser enterrado sin lujos, en una tumba sencilla con la inscripción “Franciscus”. En las próximas semanas, el Colegio Cardenalicio deberá reunirse en cónclave para elegir al sucesor que se convertirá en el 267º Papa de la Iglesia Católica.
Mientras el mundo despide a quien fue llamado “el papa del pueblo”, miles de fieles se congregan en la Plaza de San Pedro para rendirle homenaje. Su legado, tanto espiritual como humano, seguirá marcando el rumbo de una Iglesia en búsqueda de renovación.


















