Por Javier de León.
El pasado domingo el mundo del fútbol se vio conmovido por la noticia que doce de los principales clubes europeos apostaban todas sus fichas a jugar una SuperLiga entre ellos, por fuera de las estructuras establecidas de la UEFA ( Unión Europea de Fútbol) y la FIFA ( Federación Internacional de Fútbol).
Así, seis ingleses, Manchester United, Manchester Ctiy, Liverpool, Chelsea, Arsenal y Tottenham; tres españoles, Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid; y tres italianos, Juventus, Inter y Milán, en el afán de multiplicar sus ingresos, le daban la espalda a la tradicional Champions League.
Con el liderazgo del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, anunciaron con bombos y platillos la nueva SuperLiga, pero en días, todo se desinfló.
La reacción de los hinchas, fundamentalmente, y también de algunos jugadores y entrenadores, resultó un escollo insuperable. También la participación de algún líder político, como Boris Johnson, en el Reino Unido. Los seis ingleses se bajaron primero, luego los italianos, el Atlético de Madrid también, y ya la SuperLiga quedó sin sustancia.
La verdad no suele estar en un extremo, y a la luz de lo sucedido esta semana invita a reflexiones.
El fútbol nació como una actividad elitista a mediados del siglo XIX, por la razón del artillero: sólo podían practicarlo aquellos que disponían de tiempo libre, y no los que debían trabajar 10, 12 o 14 horas en las incipientes fábricas de la Revolución Industrial. Pero a poco de andar, se popularizó, para convertirse en el fenómeno de masas más importante de todo el siglo XX.
Pueden ensayarse muchas explicaciones. Me animo a citar tres.
El fútbol se puede jugar prácticamente sin inversión. No precisa de infraestructura, se desarrolla en la calle, en un campito, igual en el pasillo de un apartamento. El balón se puede improvisar. Sirve cualquier pelota, y si no hay, igual papel apretado con cinta adhesiva, o unas cuántas medias unidas.
El fútbol es para todos y se puede jugar aun desconociendo alguna de sus reglas. Juega el alto, el bajo, el flaco, el gordo, el que tiene velocidad, el más lento, el que prefiere los pies o aún el que se siente más apto con sus manos, y va al arco.
Y un tercer elemento. Un partido se gana con un sólo tanto. Un gol es suficiente. Esta causa da la posibilidad a un equipo “inferior” de vencer a uno “superior”. Las sinergias, el valor de lo colectivo, y la capacidad de lograr “ese gol”, posibilitan victorias inesperadas en los pronósticos previos.
El fútbol creció y se hizo popular basado en un eje insustituible: HINCHA- JUGADOR. El hilo invisible entre la tribuna y el campo de juego es el sustento de todo lo que se desarrolla a su alrededor.
Como cualquier actividad, su desarrollo vino acompañado del crecimiento económico que lo rodeo. Nació amateur, pero ya en los comienzos el “amateurismo marrón” apareció, con incentivos para aquellos que no podían dejar de trabajar en la fábrica, pero tenían condiciones para jugarlo y por ende, precisaban algún tipo de ingreso para sustentarse. Se hizo profesional pronto. En Uruguay, por ejemplo, el profesionalismo arrancó en 1932.
Creció y creció, hasta convertir a la FIFA en la principal multinacional en el planeta.
Pero nunca debe perderse de vista, que la FIFA y los clubes de fútbol, “Administran Pasión”. Y la pasión es irracional, es el sueño del niño de jugar ante un Estadio lleno, la inquietud de toda la semana del hincha para ocupar su lugar en la tribuna el domingo, la ilusión del más chico de ganarle al más grande, por más que la lógica lo contradiga.
En medio de un feroz crecimiento económico, ese espíritu amateur aún se mantiene. Y en definitiva es el ALMA DEL FUTBOL, que lo mantiene vivo, atado al hilo invisible del HINCHA y el JUGADOR. Obvio que en esta historia de la SuperLiga están en juego ingresos económicos, que se anunciaban en cerca de 600 millones de dólares para el ganador del torneo. Y por más que ahora se frustró, seguramente la presión de los equipos más importantes de Europa tendrá alguna consecuencia en la distribución del ingreso en los próximos años. Pero felizmente, para los ilusos que seguimos creyendo en el espíritu amateur del fútbol, aún queda un espacio, ese mismo que los hinchas de los propios equipos involucrados, que algunos jugadores de esos mismos clubes, y que los aficionados del mundo del fútbol en general, ese mismo espacio que ocuparon para levantar su voz y frustrar la SuperLiga. Está lindo creer que el Amor sigue siendo más fuerte.

















