La escritora presentó este viernes 10 de julio en la Biblioteca Pública Grisel Milesi su libro La última carta, editado por Editorial Harta. En diálogo con El Rionegrense, explicó cómo una amistad de toda la vida, un conjunto de 35 cartas y el vínculo con las hijas de María Elsa dieron origen a una obra que busca reconstruir la dimensión humana de una mujer desaparecida durante la última dictadura.
La escritora Alba Bordoli Vittori presentará este viernes en la Biblioteca Pública Grisel Milesi su libro «La última carta», publicado por Editorial Harta, una obra que reconstruye la vida de María Elsa Guerrero Martínez a partir de cartas personales, recuerdos y testimonios.
Más que un libro sobre militancia política, la autora propone un recorrido por la historia de una joven marcada por sus ideales y por una amistad que trascendió el tiempo.
En diálogo con El Rionegrense, Bordoli contó que la obra nació de una deuda personal que sintió durante décadas. Amiga inseparable de María Elsa desde la adolescencia, conservó unas 35 cartas que intercambiaron entre 1963 y 1966, antes de que ella pasara a la clandestinidad.
«Era algo que tenía pendiente desde hace mucho tiempo. Sentía que tenía que sacar a la luz su historia, construirla y poner el foco en el ser humano, en aquella joven con un profundo deseo de justicia e igualdad», expresó.
La autora explicó que el libro busca recuperar una memoria que, a su entender, ha quedado relegada. «De las mujeres que entregaron de una forma u otra su vida por una causa se habla muy poco. Se habla mucho de los hombres, pero muy poco de las mujeres. Yo sentía que tenía que traer su memoria y hacer conocer quién fue realmente», afirmó.
María Elsa nació en España y llegó siendo niña a Uruguay junto a su familia, que había debido exiliarse tras la Guerra Civil Española. Creció en un hogar donde el compromiso político y el interés por la realidad social formaban parte de la vida cotidiana, una formación que marcó profundamente su manera de entender el mundo. Durante aquellos años estudió Psicología en Montevideo y fue en ese período cuando escribió las cartas que hoy construyen este libro. «Las cartas son de 1963 a 1966, previas a que pasara a la clandestinidad. Nos veíamos todos los días, pero igual nos escribíamos de noche para contarnos aquello que había quedado pendiente», recordó Bordoli.
En 1966 María Elsa pasó a la clandestinidad y dos años más tarde logró trasladarse a Buenos Aires. Allí formó una familia junto a Raimundo Villaflor y nacieron sus dos hijas, Elsa Eva y Laura.
La última vez que Alba la vio fue en 1975, cuando viajó a Buenos Aires para despedirse antes de emigrar a Australia con su familia. «Después recibí una última carta desde España, donde había viajado para cambiar su documentación. Luego vino el silencio», relató.
Tiempo después supo que María Elsa y su esposo habían sido secuestrados por la dictadura argentina. Sus hijas, que tenían apenas cuatro años y once meses, quedaron solas en la vereda tras el operativo y luego fueron criadas por sus respectivas abuelas.
A través de sobrevivientes de la ESMA, Bordoli pudo reconstruir parte de los meses que su amiga permaneció detenida en ese centro clandestino de detención. «Me contaron cómo fue su estadía allí, su entereza y la forma en que acompañaba a las demás compañeras. Esos testimonios también forman parte del libro», explicó.
La autora sostiene que uno de los momentos decisivos para concluir la obra fue una carta que años después recibió de Elsa Eva, la hija mayor de María Elsa. «Me escribió que al leer mis palabras sentía que volvía a encontrarse con su madre. Me decía que siguiera escribiendo porque allí estaba ella. Esa carta fue la que me dio fuerzas para continuar cuando muchas veces el manuscrito quedaba guardado durante meses porque era muy doloroso volver sobre esos recuerdos.», contó.
Durante la entrevista, Bordoli remarcó que nunca buscó escribir un libro de carácter político. «No quise hacer un libro de militancia. Quise mostrar al ser humano, sus inquietudes, sus deseos y sus esperanzas. Recordar a mi amiga y traerla nuevamente a la vida desde esa dimensión humana.», indicó. También recordó la profunda influencia que María Elsa tuvo en su juventud.
En ese sentido explicó: «La primera vez que fui a su casa sentí que se abría un panorama nuevo en mi vida. Ella me enseñó a mirar el mundo de otra manera, a dejar de mirarme el ombligo y empezar a entender otras realidades. Dejó una huella muy fuerte en mí.»
Bordoli destacó además que la publicación del libro significó cerrar una etapa personal de muchos años, «Me saqué un peso de encima cuando vi publicado el libro. Estuvo mucho tiempo guardado en un cajón y sentía que tenía una deuda con ella. No fue una gurisa loca; fue una mujer que construyó sus propios ideales y decidió el camino que quería seguir. Eso es lo que intento mostrar a través de sus cartas y de los recuerdos de quienes la conocimos.»






















