COLUMNA DE OPINIÓN POR FERNANDO DOTI
Hace unos días, la pantalla de televisión se convirtió en el escenario de un disparate técnico que rozó lo inmoral. “¿Por qué es malo tener una inflación baja?” Así se presentó una intervención periodística en Telemundo hace un par de días. Continuaba la periodista diciendo que “la pregunta está bien”, agregando que “una inflación abaja tiene consecuencias”, por eso el BCU busca un fijarla en un 4,5% anual. Al estar actualmente en 3.6 %, preocupa que pueda caer debajo de ese número. Agregó que “Una inflación baja combinada con una economía que crece más lento, es incomodo como ponerte un buzo de lana sin camiseta abajo, no es el
escenario ideal, hay riesgo de menor consumo, menor inversión, menos trabajo y menos crecimiento”. Ello traería “Problemas en el mercado laboral, si la inflación se achica sube el salario real, pero para las empresas es un costo mayor no previsto que puede afectar el empleo. Y las cuentas fiscales, con una inflación más chica la recaudación es menor y los egresos terminan siendo mayores, es decir numero rojos por todos lados”, para rematar el informe con el climax del absurdo: “una inflación baja no siempre es una buena noticia”.
Pero vayamos por parte para ser claros y dejar en evidencia la ignorancia, mala fe, o el mandado de este informe, maquillado de “periodístico”.
¿Qué es la inflación? Es el aumento de la cantidad de dinero que se ofrece en el mercado, lo que motiva la disminución del poder adquisitivo. NO ES, la suba generalizada de precios, como erróneamente (y a esta altura de la civilización creo que intencionalmente también) se insiste por parte de los operadores afines al intervencionismo.
El dinero como cualquier otro bien, se rige por la oferta y la demanda, esto es, a medida que se incrementa su cantidad, el precio cae y viceversa.
La inflación hace que los precios aumenten porque ahora hay más dinero persiguiendo los mismos bienes. El aumento de precios es el síntoma, no la causa. ¿Y quien tiene el monopolio de la impresión de dinero? Adivinó, el estado, a través del Banco Central. La inflación es, por lo tanto, un hecho, una decisión política. Es intencional. Es algo querido por los políticos, aunque se vistan con ropajes distintos.
Contrariamente a lo que la nota periodística menciona, la inflación nunca, en ningún momento y bajo ninguna circunstancia es buena. Jamás.
¿Por qué la inflación es nefasta? Sencillamente porque le roba el poder adquisitivo al salario de la gente. Quien tiene ingresos mensuales fijos, padece la inflación porque su dinero cada vez vale menos. Pero además, la inflación atenta contra la inversión, toda vez que, atenta previamente contra el ahorro. Como el dinero cada vez vale menos, la gente no puede ahorrar, porque la moneda en la que se puede ahorrar pierde su valor; y es precisamente el ahorro, la condición previa para que exista inversión. La inversión es lo que generará el incremento de capital en una sociedad que a la postre generará mayor producción y mayor nivel de salarios.
Por ello, afirmar que “Una inflación baja combinada con una economía que crece más lento, es incómodo, no es el escenario ideal,”, es un soberano disparate.
Ahora bien, si es nociva, ¿por qué hay quienes afirman que “una inflación baja no siempre es una buena noticia”? Es que con la inflación algunos se benefician. ¿Quienes? Los que tuvieron la oportunidad de gastar el dinero impreso antes que el resto, porque como los efectos de la impresión no son inmediatos, hace que ese dinero tenga mayor poder de compra al principio.
A los últimos que les llega el dinero, ya es tarde, puesto que, el fenómeno de la impresión, aumentando la masa de circulante, hizo que los precios subieran y que por lo tanto el dinero valga menos, es decir, tenga menos poder de compra.
La inflación es negocio para los políticos, quienes recurren a ésta, para financiar el gasto público, pudiendo financiarlo antes que el dinero de deprecie, a costillas de los trabajadores, esos a quienes dicen proteger. Es por lo tanto un impuesto encubierto. Con la emisión tiran la pelota para adelante, tratando de que la bomba la explote al que venga después. Tan nociva es la inflación, que los nazis, durante la segunda guerra idearon entre 1940 y 1942, la “Operación Bernhard”, la cual consistió en la falsificación de la moneda británica con fines de hacerla circular en territorio enemigo, para de ese modo destruir su economía. La maniobra fue
descubierta por casualidad por el gobierno inglés a raíz del descubrimiento de un billete falso, que tenía el numero de uno auténtico que había sido dado de baja. Se estima que el dinero falso que circuló en Inglaterra ascendió al 15% del circulante total. En otros términos, la inflación fue utilizada como un arma de guerra. Y por acá tenemos que soportar que nos digan que una inflación baja no siempre es buena.
Son unos inmorales y unos malnacidos. La inflación debería estar tipificada como delito, como una variante de la estafa. (Sobre el particular, y a quien le interese el tema, recomiendo el libro de Ricardo Manuel Rojas “La inflación como delito”).
El dinero no crea riqueza. La riqueza se crea con producción, que es lo que determina que haya más bienes y servicios para ofrecer. Pero cuando la economía no crece, no hay más cosas para ofrecer, entonces, la aparición de dinero lo que hace, es que haya más demanda por los mismos bienes y servicios, lo que determina que el precio de estos aumente. Pero la culpa no es del comerciante ni del empresario, sino del político, quien tomó la decisión de poner más dinero en circulación, sin respaldo alguno. Por eso es que la inflación, ya sea del 3,6, del 4,5 o del 6%, es siempre un ROBO.
No nos dejemos engañar con los cantos de sirena de los políticos y sus cómplices.


















